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En el Acto de Caminar (Una Letanía)

Camino para soñar despierta.
Para no enojarme.
Es cosa de neoyorquinos.
Camino de regreso en el tiempo,
buscando una señal de cualquier cosa–
respuestas,
alineación,
descanso de la preocupación que habita dentro de mí.

Caminar restablece mi respiración.
Me siento menos sola,
aunque nadie me hable,
aunque nadie me toque.
Espero encontrarme con un amigo,
aunque camino para desaparecer.
Solo estoy siendo sincera.

No corro.
Nunca he sido buena para eso.
A mi ritmo puedo tocar los ladrillos,
los rieles,
los árboles.
Me hace sentir que existe algo más grande
de lo que soy capaz de comprender en este instante.

Hay una respuesta que busco,
o una presencia más alta,
demasiado compleja para nombrarla.
Creo que estoy caminando
para encontrar a Dios…

A veces solo quiero desconectarme,
y aunque caminar ocurre en público,
yo le hago monólogos al vacío.
Mi respiración vuelve a su lugar
cuando inhalo por la nariz
y exhalo por la boca.

Concentrarme me ayuda a desaparecer.
Caminar es la única forma que conozco de hacerlo.
Tengo que recordarme que estoy despierta,
que en cada esquina puede aparecer una persona,
que una luz verde significa que los carros vienen.
Debo recordar
que aquí nada se detiene por mí.

Algo se manifiesta en el fondo.
Soy cuidadosa con mis pensamientos.
En este acto se suda mucho.
Es el miedo abandonando el cuerpo.
Hay muchas desventuras a lo largo del camino,
pero permanezco serena
dentro de mis reflexiones.

En mi caminar
no poseo ningún nivel de maestría.
Soy apenas una principiante,
como una estudiante
dispuesta a ser guiada por las calles.
Llego tan lejos como puedo.
Existe un romance con el viento,
y soy conducida exactamente
hacia donde debo estar.
El alivio de un dolor de cabeza
tiene algo de encantamiento.

Entré caminando a este poema
para seducir tu mente–
sintiéndome mujer,
enamorada de la transición
de la niñez a la feminidad.
Derretirme bajo la mirada del sol,
para que el concreto escriba una novela
sobre nuestra historia de amor.
Y por eso debo caminar,
porque no puedo gritar,
aprendiendo a perdonar
sin tener que olvidar.

Esta caminata compensa
todas las veces
en que mis extremidades quedaron dormidas sobre el sofá
y lo único que podía hacer
era mirar las manecillas del reloj
arrastrarse hacia el día.

Purgo.
Purgo.
Purgo
los malos pensamientos–

Consultando con mi conciencia,
las dos coincidimos
en que es mejor salir a caminar.
Me desconecto del mundo
y, de alguna manera,
siempre encuentro suficiente tierra
para seguir caminando.
Hay tanto tiempo
para descubrir qué voy a hacer
con todo el tiempo que me queda.

Mis pensamientos cambian de compás,
imaginando caminos alternativos,
Mientras me pregunto cómo habría sido la vida
si las cosas nunca hubieran ocurrido
como ocurrieron.

Pero camino
para perdonarme
por castigar a la única persona
con la que nunca he sabido ser verdaderamente amable…

yo.

Me doy a conocer ante la naturaleza,
para que me considere de los suyos
cuando llegue el momento de destruir.

A veces,
este acto
es la única manera
de terminar el poema…

Published inLitany

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