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Meditaciones Frente al Espejo

Memorial para Rod con flores, velas y objetos personales frente a su obra de grafiti.
Fotografía por Natasha

Un estudio poético del duelo.
En memoria de mi querido amigo, Rod.

(Suena música tensa)

Hay momentos en que todo esto se siente como un guion. Estoy dentro de mi cuerpo, estoy fuera de mi cuerpo. Me refiero al espíritu. Está consciente y luego oprimido por lo que habita dentro de esta carne. Está conmigo y luego está en mi contra, queriendo emprender vuelo. Estamos sellados por el talón de Aquiles hasta que la muerte nos separe. Pero cuando tiene unos cuantos pies para vagar, mi cuerpo entra en un estado de desorientación. Comienza a deambular por la casa. Se mantiene distraído. Limpia. Lava los platos. Barre los pisos. Se desliza hacia las aguas profundas del océano hasta que finalmente encuentra su liberación en el espacio. Mientras más alto voy, más calma siento. Mi espíritu regresa y volvemos a estar juntos.

Experimentar la ira dentro del duelo es peligroso. Busca herir a los demás para que prueben un poco del tormento. No para que sientan lástima por ti, sino para alejarlos. Déjame en paz. No vengas tratando de vendar las cicatrices. Esa mierda es malvada. Pero a veces me encuentro queriendo ser malvada. Cuando mi espíritu está en la parte más negra de los océanos, solo te encontrarás con lo que permanece atado. Yo, el espíritu, temo que quedarás cara a cara con la miseria.

Instrumentos suenan dentro de mi cabeza. Por fin he llegado al círculo de pierde la puta cabeza. Me he aclimatado al círculo de escritores. No soy el personaje principal. Soy la escritora de este guion. Estoy destinada a escribir algo mortal…

Lo veo en la línea azul, la línea rosada, la línea verde. Lo veo en los ladrillos de los edificios rociados con latas de todos los colores que existen. Lo veo cuando miro a través de una cámara compacta. Lo veo en muchachos y hombres negros con locs y ese caminar rítmico, de arriba abajo. Lo veo en mi trance cuando practico mis meditaciones frente al espejo. Lo veo en mis sueños. Veo a Rod.

¿Se molesta la gente cuando recuerdas a quienes han fallecido?
¿Cuándo honras, escribes y elogias a quienes han trascendido?
No es mi intención entristecer el ambiente, pero lo veo como un estudio de la huella que uno  deja en la tierra.

El duelo es una puerta hacia la locura.
Locura es un título controvertido para darse a uno mismo.
Una escritora tiene el poder de cambiar la perspectiva sobre el significado de una palabra–
locura es sinónimo de percepción…
comprender es un don y una maldición, vivir bajo esa maldición es un portal hacia la verdadera paz.

Dan las 4 p.m. Cierro la cremallera y cuelgo mi bolso de lado sobre el hombro derecho. Agarro mi botella de agua. El tren viene, el tren viene, apúrate, recito en mi cabeza. Bajo las escaleras corriendo. Clinton está ajetreada. Una vía baja y otra sube. Ahí viene el tren hacia O’Hare, azul y con furia. Todos se apresuran a subir. Yo no me siento. Me hace sentir sucia. Me quedo de pie observando a todos los que entran y salen. Pongo la música a todo volumen en mis oídos y me desconecto. Pienso en ti. Derramo lágrimas mientras viajo en la línea azul. Le ruego que me lleve hacia ti. Le ruego y le ruego y le ruego. Nunca llego.

Recoge con un recogedor los pensamientos que se hunden dentro de ti. Qué trivial resulta una reparación rápida después de que el trauma golpea con fuerza bruta. Pero, ¿qué te pasa?, pregunta el mundo. ¡Explícalo! ¿Que desperté con el estruendo de una lámpara cayendo en medio  de la noche? ¿Que abofetearon a mi madre? ¿Que nunca olvido las cosas malas porque soy poeta, soy poeta, soy poeta? No pasa nada. Solo la verdad. La verdad, la verdad, la verdad. Y vivo en el set de un caos absoluto.

Metaforiqueando pa’ que no me etiqueten de loca.
Jueves, 25 de enero de 2024. 5:49 p.m.
Creo que me está dando un ataque de pánico.
No logro entender esto…
¿Qué será del mañana?

Ahora somos uno menos.

Lloro bajito para que el espíritu pueda escuchar
Lloro fuerte cuando necesito que el cuarto escuche
Lloro feo cuando necesito a mi amante cerca.

(Suena música de sueño febril)

Busco comprender. No la muerte de Rod, porque la muerte es inevitable. ¡Oh! Disculpen el uso tan cruel de semejante palabra. Muerte, Muerto, Fallecido. Odio esas palabras. Borran a las personas, las encajonan dentro del inframundo… Rod imitaba la luz. Cuando entraba a una habitación, las migrañas se aliviaban y la piel se erizaba. Él hablaba y nosotros reíamos. Mira qué silencioso está todo ahora. Ahora susurramos.

Sobre la muerte y las estaciones. ¿Por qué nadie te advierte de eso? Al principio, fue una de las cosas más insoportables de procesar. Rod montaba bicicleta, comía, hacía zines. Luego llegó el otoño y él estaba debajo de montones de hojas. Este será un invierno largo, largo.

Odio la nieve sucia y helada en el suelo este invierno en Chicago. El aire frío que me golpea las costillas. ¡Hace frío, hace frío! Está helando. Me digo: su espíritu, no su cuerpo. Piensa en su espíritu, no en su cuerpo. Una batalla interna entre miseria y divinidad… ¡Entre miseria y divinidad!

Atados por los hilos de nuestras conversaciones e interacciones pasadas, encontrados únicamente a la velocidad de la luz. El espíritu que viaja en el tiempo emprende vuelo–aferrándose a un hilo rojo, seco contra tus dedos mientras permites que te guíe por el agujero negro hacia el ayer.

El árbol del patio trasero nos observaba mientras inhalábamos en el porche, exhalando risas y hablando de los viajes que algún día haríamos. Ahora el árbol me mira llorar, preguntarme, reír, volver a llorar y hablar al espejo en busca de respuestas. Se asoma a mi cuerpo desnudo desde la ventana del baño. Con las cortinas abiertas, me gusta que me mire. Que sea testigo de cómo me deshago en la locura. De cómo encuentro la verdadera felicidad. Árbol, sé el guardián de mis recuerdos.

El duelo es la llave hacia otros mundos.

La mañana siguiente y el sueño: algo sobre las nubes descendiendo y el caballo y luego ser perseguida y la invocación que un grupo de niños recitaba en las escaleras y luego el disparo que me dio en el estómago.

Ese sueño que tuve aquella noche de lunes, despertando al martes con un dolor de cabeza que palpitaba en mis sienes mientras mi voz se quebraba y yo lloraba su nombre.

Diciendo solamente su nombre…

Rod.

Al principio, nada dolía más que despertar a la verdad.

En el mundo de los sueños, estoy a salvo de todo…

(Suena música alegre)

Las criaturas de la naturaleza siempre vendrán a entregar una advertencia. Dejarán mensajes. Están conectadas a otros reinos. Por eso vino a mí aquel día. Tal vez era Rod. Tal vez se convirtió en aquella polilla durante unas horas mientras salía de nuestro mundo. Una despedida. Un mensaje. Una advertencia.

Érase una vez, cuando era niña, estaba visitando a mi tía y a mi tío en Rhode Island. Allí me enseñaron a ser una buena niña cristiana. Aprendí que solo los más puros entrarían a los cielos. Y desde entonces me he preguntado… ¿Qué pasará con el resto de nosotros?

Haz el amor. Llora. Canta. Escribe. Medita. Despierta a un nuevo día…

Niebla divina, dicha demoníaca. Escribo para vivir. ¡Estoy salvada!

Renuncié al control ante lo desconocido. Ahora mis movimientos son desconocidos y ya nadie me reconoce. A esto le llamo meditaciones frente al espejo.

La inquietud de todo esto y, aun así… he encontrado mi propósito.
Si tú estuvieras narrando esto, Rod, creo que pintarías flores sobre nuestras lágrimas.

Pongo canciones en español a todo volumen para ti y bailo por los dos. Manos para el cielo.

Nunca más sola. Amigo en mis pensamientos. Hablo y hay una fuerza que responde. No es mía. Es tuya. Miro hacia el cielo y veo la profundidad del alma irradiando desde el sol. Tu sonrisa se forma entre las nubes. Las lágrimas corren por mis mejillas frías. ¿Me recordarás cuando tenga 28, 29, 30? Soy yo, Rod, Lola, diré. Tenemos la misma edad este año. Soplaré una vela por ti. Rezo para que volvamos a encontrarnos.

(Suena música inquietante)

Era lunes.

Estaba en la bañera, el agua caliente llenando de vapor todo el baño. Meditaba, tratando de permanecer quieta conmigo misma. Podía escuchar golpes afuera, a mi derecha. Armani venía subiendo hacia la casa por las escaleras traseras. Podía escucharlo desde nuestro baño.

Abre de golpe la puerta mosquitera, mete la llave en la puerta y entra a la casa.

Lo recibo con una cadencia juguetona.

Empuja la puerta del baño y, de repente, su rostro se ve horrible, distorsionado.

Mi cuerpo supo que era la muerte.

“Lola, se fue. Rod falleció.”

Armani lloró.

Agarro los lados de la bañera. Estoy procesando las palabras que acaban de salir de su boca.

“¿Qué?”, murmuro.

Esto parece una broma muy, muy cruel.

“Falleció. Es verdad. Acabo de estar en su casa. Vi a sus padres y a su hermana. Se fue”, dice, con la mirada de un niño pequeño que necesita que lo abracen.

Me levanto, el agua desplazándose con la fuerza de mi cuerpo.

Estoy de pie, desnuda, gotas cayendo de mis senos.

Tengo frío, miedo, me siento traicionada por el Universo.

No mi Rod, no mi Rod…

Por un momento, recé para que la bañera se abriera y me tragara dentro de un túnel, y que pudiera verlo, hablarle, abrazarlo y preguntarle qué había pasado.

Todo pasó tan rápido.

Recuerdo lo difícil que era respirar, la tos haciéndome vomitar. Mi cara se puso roja y luego llegó aquel dolor de cabeza palpitante que no desaparecería durante días.

Solo podía pensar: no, mi Rod, no mi Rod.

(Suena música de caminata)

Caminar por los terrenos fangosos de la tierra me dio hambre de una nueva vida. Pájaros volando alto, me siento más viva. ¿Había estado muerta allá en la Ciudad? Besos, piernas abiertas, una cascada. Puedo volver a vivir. Hawái ablandó mi corazón.

Rocas filtrando los problemas de los que nací, agua limpiándome.

Tierra, recuerda este momento por mí.

Recuerda mis dedos recorriendo tu cuerpo mientras me aferraba.

Mis piernas se balancean mientras trepo y llego a la cascada. Las gotas corren desde el centro.

Jadeo, gimo, exploto.

El duelo no desaparece. No se esconde. No se autodestruye.

Se transforma.

Mientras más bailo, más veo su metamorfosis. La primera vez que experimenté su nueva forma fue durante mi caminata.

Le di la bienvenida a la paz.
Le di la bienvenida al sentimiento.
Le di la bienvenida a la idea de ti en otro lugar y en todas partes, lejos de mí y dentro de mí.

Hay mucho caminar involucrado en esta historia: contemplación, revisión y renuncia.

Caminando hacia el sendero.
Caminando hacia el bar.
Caminando hacia los brazos de un nuevo sueño.

Se está bien aquí. Se siente divino aquí. Protégeme. Guíame.

Linterna, sé como el sol en medio de la noche.

Este es el clímax de un cuento alegre.

El movimiento abrirá portales.

(Suena música vieja)

En otro día soleado, las noticias llegaron como lluvia inesperada. Desperté de una siesta en marzo con mi teléfono vibrando. La voz de Armani era tan frágil, tan… al borde de una montaña. Tommy había fallecido… Lo habían asesinado.

Y luego pasaron los días y no podía sacarme de la cabeza los lamentos de su mamá, y me dolía mucho el dedo del pie, pero mi mente tenía pocas barras, intentando conectarse con mi espíritu. Un pedazo de vidrio se había incrustado en el dedo de mi pie derecho y permaneció allí durante una semana mientras hacía un viaje de trabajo a Las Vegas.

Había cosas que tenían que hacerse y ahora Tommy estaba debajo de un montón de hojas después de recibir un golpe en el corazón.

Pasaron los días y estaba a mitad de una sentadilla cuando sonó mi teléfono.

Era Armani otra vez.

¿Se había convertido en el mensajero de la Parca?

Terrie había fallecido mientras dormía.

Los lamentos de la mamá de Armani continuaban.

Mi último día en Las Vegas fue aterrador. Mi cuerpo estaba caliente y frío. Me castañeteaban los dientes. Había una bañera y me senté en agua caliente, intentando comprender lo rápido que se estaba moviendo todo. El cuarto se llenó del vapor de mi baño.

Otro pedazo de vidrio salió del dedo de mi pie.

Esa noche pensé que había mojado la cama, pero era mi sudor.

Tenía fiebre.

¿Voy a morir sola en Las Vegas, en una habitación elegante de hotel?

Llamé a mi mamá para advertirle.

¿Cómo pude haber ignorado durante tanto tiempo el dolor de mi cuerpo?

Le dije a mi doctora que no podía quejarme de una herida menor cuando personas que conocía ya no estaban… Después vinieron las radiografías y el descanso, y los lamentos de Lena.

Mi hermana me llamó cerca del mediodía para decirme que la vecina, allá en Harlem, había muerto. Su cuerpo cayó al suelo y no volvió a levantarse. La puerta estaba abierta y había ansiedad en el sexto piso. Sus dos hijos menores estaban desorientados y su hijo mayor lloraba. Mi hermano está cerca y dice:  “Lola, el vecino estaba llorando. Nunca había visto a un hombre adulto llorar así.” Al fondo escuché a sus seres queridos gritándole a las nubes que devolvieran el alma de su madre… pero la vecina se había ido.

En una motocicleta por San Cristóbal, acepté tu ascensión hacia el tiempo y el espacio. Aferrándome al futuro, dejé caer las lágrimas, o tal vez las lágrimas del cielo se convirtieron en las mías. No podía distinguir quién lloraba más. Me había convertido en una con todas mis brújulas; sabía exactamente hacia dónde me dirigía.

Ahora entiendo las palabras que Mars dijo aquella noche.
“Ponte el cinturón… esta vida es una montaña rusa.”
¿Será por eso que nos llevaba tantas veces a Coney Island?
La luna brillaba sobre nosotros y él nos contaba historias de adultos
sobre las dificultades de la vida.

Recuerdo a los seres queridos que han fallecido y a aquellos con quienes me he cruzado en el camino.

Descansen en paz.

Mr. Williams.

Nana.

Tommy.

Terrie.

Harrison.

La Vecina.

Rod.

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