
Mira ahora
cómo todo cobra sentido
cómo nadas en asuntos grises
cómo alcanzas el cielo
y jalas las nubes hacia abajo
qué diabólicos se han vuelto tus pensamientos
pero el perdón se multiplica en cada cuarto.
Mira ahora
cómo se agita tu pecho al ver el sol
y la gratitud brota
del despliegue de esas piernas tensas
vuelo tras vuelo intentaste
tocar la puerta del cielo
para hablar con Lurrkgod.
Mira ahora
cómo los métodos y la multiplicación de rutinas
cortan la grasa
que ahogó tus músculos en miseria
cómo tus meditaciones fueron oraciones
y manifestaciones
que te sacaron del fango de la tierra.
Mira ahora
que estoy con las rodillas al suelo
moradas y magulladas
que mi euforia es un vuelo
de solo ida a la locura
y la compañía nunca se queda por mucho
pero viene
y por un rato
ahí está otra vez esa palabra…
Alegría
la que conocí en misa, en Washington Heights,
y este vuelo se me va a hacer largo…
La Memoria Vivida Detrás del Poema
Estábamos en Playa Najayo. Pasé horas en sus aguas con Negro. Acunándome entre sus brazos, él me miraba desde arriba y yo lo miraba a él. Ojos marrones, enrojecidos por el agua salada. Una mirada tan divina, protectora. Con el cielo detrás de él, parecía que me lo habían enviado.
Comenzó a llover y nos fuimos en motocicleta de regreso a La Molina. No era de esa lluvia que te hace correr y refugiarte. Era de la cálida. Bajo un cielo gris, con los truenos retumbando a lo lejos, me quité los lentes y se los entregué a mi hermana, quien iba en el carro con mi familia.
Nos animaban como si algo increíble estuviera sucediendo. Recuerdo haber gritado: “¡Es una película!”, porque realmente se sentía como una escena que jamás hubiera podido imaginar durante los meses anteriores de depresión y búsqueda interior.
“Agárrate”, me dijo Negro con una voz parecida a un murmullo.
Aceleramos. Dejamos atrás a mi familia, que gritaba feliz mientras nos alejábamos. Mientras nos deslizábamos entre el tráfico, vi acercarse a muchachos en motocicletas, montados de dos y de tres. Algunos se acercaban, gritándonos disparates:
“Que Dios te la bendiga…
Te la voy a quitar…
Dámela…
Dile que se suba aquí…”
Pero la voz de Negro nunca abandonó ese tono que me hacía confiar en que estaba segura bajo su cuidado.
“Te mato”, respondió con un tono muy calmado pero mortal.
Me pegué más a él, asegurándome de apretar bien los brazos alrededor de su cintura.
La lluvia comenzó a caer con más fuerza y, sin mis lentes, todo se volvió borroso, pero no había visto un día mejor en muchos, muchos años. Me ofreció su chaqueta, pero le dije que estaba bien. Que me gustaba sentir la lluvia sobre la piel. Pasé los dedos por mi cabello corto, sintiendo la ligereza de mis rizos. Algo estaba cerca. Podía sentirlo en la nuca. No eran los muchachos que intentaban alcanzarnos, ni mi familia…
Negro iba cada vez más rápido y yo me aferré aún más fuerte. Entonces sucedió, en silencio, con tanta suavidad.
Me alcanzó—ese sentimiento, algo que no podía ver, llegando un día cualquiera como si estuviera destinado a suceder.
Acepté y solté al mismo tiempo. Pensé en el día en que me enteré de la muerte de Rod, en cómo me había aferrado a la tristeza de su ausencia desde entonces.
Miré hacia el cielo y sus lágrimas se convirtieron en las mías. Sonreí y susurré:
“Te amo”, sintiendo que le había llegado, dondequiera que estuviera.
Aferrada a Negro, sentía que podía ir a cualquier lugar…
Meses después, Najayo volvió a recibirnos. Estábamos en sus aguas, contándole nuestros secretos, todas las cosas que queríamos de esta vida. Otra vez, me acunó entre sus brazos. Se convirtió en algo nuestro. Sostuvo mi cabeza mientras yo miraba hacia el cielo, atrapada en un trance. Un himno ascendía, revoloteando desde los dedos de mis pies hasta mi cabeza.
Había algo en estar en su presencia que me llevaba a la retrospección y me traía paz y verdadera felicidad. Aunque llevaba mucho tiempo sufriendo, cedí ante la realidad, aceptando el pasado, resguardando los recuerdos y sintonizándome con el momento presente.
Estos poemas, escritos como entradas de diario sobre momentos de mi vida, se han convertido en un archivo de lo que hoy permanece entre las sombras. Creo que es importante compartirlos y compartir también los matices que les dieron vida. Estas no son simplemente palabras derramándose de mí. Llevan el ADN de alguien que ya no está aquí en la carne. Eso también los convierte en autores—su legado existiendo junto al mío.
A través del arte de la poesía, he estudiado mi propia identidad, meditando sobre los capítulos de mi vida y las muchas conversaciones que he tenido a lo largo del camino. Esta práctica se ha convertido en mi herramienta más importante para navegar el duelo a través de la poesía. Es el único hilo que ha existido tanto tiempo como yo–
más que mi carrera
más que las amistades
más que el amor.
En los Brazos de Mi Ángel Guardián marca un momento significativo en el que llegué a comprender, todo de golpe, que la vida y la muerte, el destino y la sabiduría, la experiencia y la metamorfosis son parte de la naturaleza de la vida misma. Recuerdo el día exacto, el momento, cómo se desenvolvió todo.
Este poema fue inspirado por Negro y está dedicado a su memoria. Encontré sanación y amor en su presencia. Más tarde, fue asesinado en diciembre de 2024, llevándome aún más lejos en un viaje de duelo que me cambiaría para siempre.
Descansa en paz, Negro.

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